La última década ha estado marcada por la aceleración de la digitalización. La inteligencia artificial, la automatización y los entornos virtuales están transformando nuestra forma de trabajar, comprar y socializar, pero mientras el mundo se acelera, los lugares a los que acude la gente se ralentizan.
Desde el yeso aplicado con paleta hasta la luz natural, pasando por las texturas imperfectas, los detalles analógicos se convierten en garantía de calidad. La gente está harta de los espacios sin fricción que se parecen todos entre sí. Quieren contraste, autenticidad y tacto.
El equipo Healthy Buildings de Harvard señala que la riqueza sensorial está estrechamente relacionada con el bienestar, la concentración cognitiva y la satisfacción emocional, todos ellos indicadores de los entornos en los que las personas desean pasar tiempo. Pero, ¿por qué es tan importante lo analógico hoy en día?
La respuesta puede estar en su capacidad para:
- Anclar a las personas en la realidad.
- Ofrecer un contraste sensorial a la vida que transcurre frente a las pantallas.
- Reducir la fatiga cognitiva.
- Fomentar la presencia y la pausa.
- Crear recuerdos emocionales.
En el comercio minorista, esto se traduce a menudo en minimalismo y honestidad en los materiales, mientras que en los lugares de trabajo se encuentran acabados cálidos y reconfortantes, una acústica suave y un diseño inspirado en la naturaleza. En el sector hotelero, esto es desde hace tiempo la norma. Sin embargo, el tema común es que, en 2026, lo analógico no es nostálgico, sino necesario.
Y este es el tema que recorre nuestra última guía, redactada en colaboración con IA, «Designing for Dwell(being): Why time, trust and tangibility define the next era of interiors» (Diseñar para el bienestar: por qué el tiempo, la confianza y la tangibilidad definen la próxima era de la decoración de interiores).
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